2 de mayo de 2010

La MisTeRioSa LuZ De Mi ViDa



Yo antes de que todo esto pasara era una persona normal, bueno, nunca fui una niña muy normal que digamos, pero en fin, ahora era más rara que de costumbre,
Siempre había sentido pasión por lo gótico, las cosas de color negro me volvían loca, y también por lo esotérico, no le solía tener miedo a nada, exceptuando a las arañas, a las que le tenía un pánico horrible. Adoraba la música, escritura, dibujo, baile, lectura, cine... Y me pasaba todo el día en el ordenador, era una friky del anime, lo cual hacía gracia a mis amigos...Pues eso no es que pegara mucho con alguien a la que le gusta el rock y lo gótico...Se podría decir que por eso siempre fui rara, de una manera u otra, pero esto sobrepasaba con creces todo lo que yo podía imaginar.
Quien me diría a mí que me acabaría convirtiendo en esto?
Pero bueno, mejor empezar por el principio...
Todo se remonta a una lluviosa tarde de verano, por lo general, aquí, donde yo vivo...más bien vivía, siempre hacía buen tiempo, sobre todo en verano, pero como todo, ese día el tiempo también cambió.
Como era una alumna de mas bien buenas notas, ese verano solo asistía los martes a clases particulares, las odiaba con todo mi ser, pues acortaban mi tiempo para disfrutar de la playa con los amigos pero no me quedaba más remedio que aguantarme, mis padres me habían dicho que o iba a clases o me ponía a trabajar, y, como soy muy perezosa y vaga, había descartado la segunda opción al instante.
Me dirigía a las clases sin prisa, algo que no entendía del todo, pues llovía a cantaros y yo llevaba puesto mi short negro con las converse negras y la camiseta de tiras blanca...ropa no muy adecuada para la ocasión, pero a mí eso me daba igual.
Cuando llegué, tenía toda la ropa empapada, pero la verdad, no me sorprendió nada, era la típica chica que odiaba los paraguas y prefería mojarse a llevar un armatoste de eses, además, la ropa ya se secaría tarde o temprano no?
Mientras estaba en las malditas clases, con la ropa empapada, solo pensaba en salir de allí ya, me estaba hartando de que todo el mundo me mirase, lo normal sería estar ya acostumbrada a las miraditas, pero yo no era normal, asique seguía sin soportarlas.
Toco el maldito timbre de salida. Si, por raro que parezca, la academia a la que iba tenía timbre de salida...aunque, en vez de utilizar la palabra timbre, sería más adecuarlo llamarlo molesto sonido infernal que marcaba el fin de la tortura.
Al salir de aquel espantoso lugar, me di de cuenta de algo...para mi suerte, ya no llovía, pero aun así el ambiente en el aire estaba raro...y notaba una sensación que me recorría todo el cuerpo y hacía que el bello de mis brazos se erizase.
Corrí a casa tan rápido como me permitían las piernas, pero en mi camino me topé con algo raro y extraño. Era un hombre que estaba apoyado contra la pared, mirándome, como si llevara esperándome allí todo el día, llevaba una vestimenta negra y elegante, la verdad, no sé qué haría en un barrio como ese. Se me acercó y empezó a pronunciar algo en un idioma desconocido para mí, y al acabar de hablar pronunció estas dos palabras tétricamente: La elegida.
Al oírlas me asusté, no sé de qué me conocía ese tipo o que quería de mí, pero estaba claro que yo no era la persona que buscaba, y, mucho menos, una elegida para algo.
Llegué a casa y decidí no contarle a nadie lo que había pasado o me tomarían por loca. Pasé el verano esperando otra visita de ese tipo, pero nunca apareció.
A finales de Agosto mis padres me dieron una noticia, se mudaban. Sabía que aunque me negara no iba a poder hacer nada, a su padre lo habían trasladado a (lugar) y no desaprovecharía esa oportunidad.
Las cosas malas se me amontonaban...la extraña visita de aquel hombre...el traslado... Bien...pensé para mis adentros, que vida tan "way" tengo, nuevos amigos, que seguramente no me aceptarían por como soy, pues estaba visto que en el mundo lo único que importa era la imagen, y yo, como soy así de original, me gustaba romper con lo básico, así que lo primero que haría al llegar sería buscar amigos, siempre me habían dicho que era muy sociable pero bah, yo no pensaba lo mismo.
Después de un largo y cansino viaje llegué a mi, mejor dicho, nuestro destino, un lugar no muy bonito que digamos, pero que tenía unos preciosos bosques cerca, el lugar perfecto para perderse o hacerse daño (era propensa a los esguinces y fracturas, mi padre me llamaba cabra loca...).
Nuevo instituto, genial.... Una chica de 16 años, nueva, en su primer día de clase a solo tres años de la graduación...puuff...que vida la mía.
Bajé del autocar de mis padres y me despedí, no me dejaban llevar mi moto no se porque estúpida razón, decían que era demasiado peligroso andar por allí con una moto, podía hacer daño a alguien.
Intente buscar las clases sin que nadie me ayudara, pero me resultó imposible, ese lugar era enorme, entonces a mis espaldas oí que alguien se me acercaba...
-Hola - me dijo una voz femenina (o eso parecía)- Me llamo Noemí, por lo que veo tu debes ser nueva, se te ha caído esto en el pasillo y vi tus horarios, no coincidimos en ninguna clase.
Me giré y la observé antes de contestarle. Era alta, con el pelo marrón oscuro y los ojos marrones azulados, vestía con ropa negra, sería gótica?
-Hola - Conteste en tono seco y desagradable...más desagradable de lo que en realidad pretendía sonar - Me llamo Celia y sí, soy nueva, a mi padre lo han trasladado y me he visto obligada a mudarme.
-Me alegro de que te mudaras, últimamente no han venido muchos nuevos desde hace tiempo, siempre es agradable ver nuevas caras.
Le sonreí a la chica, parecía que era simpática, me ayudó a llegar a mi otra clase.
Al entrar todas las miradas se posaron en mi (primer día y llegaba tarde...). El profesor me obligó a presentarme en público. Nunca había sido tímida, más bien era extrovertida, pero con tantas caras nuevas y más de 40 ojos mirándome me resultaba imposible concentrarme.
Me mandó sentar en el único sitio que había libre, al lado de una chica con pinta de estudiosa que, según le entendí, se llamaba Inés. La chica llamada Inés tenía el pelo marrón claro y los ojos marrones también, no era ni delgada ni gorda, normal diría yo, pero eso sí, era muy guapa de cara. Estábamos en la clase de matemáticas, muy aburrida la verdad, no me enteraba de casi nada puesto que iban más avanzados que en mi anterior escuela. En medio de la clase, aburrida, se me dio por empezar a hablarle a mi compañera de fatigas.
- Esto...Hola...e...Las clases son siempre tan aburridas - Pregunté yo en tono burlón.
Ella me miró de refilón y contestó:
- Depende de lo que entiendas por aburridas, pero si, suelen ser así, los profesores intentan que nos adormilemos para que no armemos barullo pero nunca lo consiguen - Me sonrió, sentí que ya tenía una amiga en ese instituto. Bueno, más bien dos contando con Noemí, la agradable chica con la que me crucé a la entrada y que me guió hasta aquí.

Las clases pasaron lenta y tortuosamente, como podían aguantarlo los demás alumnos? Supongo...que todo sería acostumbrarse...
Sonó la campana (aleluya) y todos nos dirigimos al comedor, estaba algo nerviosa, Con quien me sentaría? Me marginarían los demás? Por suerte no, Noemí y Inés eran amigas y se sentaban a comer juntas, nada más verme entrar me hicieron una señal para que comiera con ellas y su grupito de amigos, eran cinco más, una chica y cuatro chicos.

La chica se llamaba Sara, era alta y delgada, muy guapa, tenía cuerpo de modelo, con unos ojos color avellana, grandes y preciosos y el pelo largo del mismo color que los ojos.
Era una chica muy simpática y congeniamos muy bien.

El chico más alto de los cuatro se llamaba Daniel, era de complexión musculosa, con unos ojos azules que según me contaron volvían locas a todas las del instituto y con el pelo corto rubio.

El más tímido de todos y con el que más me costó amigarme era David. Alto y delgado, de ojos azules (también) y con una melena rubia que le llegaba hasta las orejas. Según oyera en la mesa, era un poeta espléndido, le encantaba la poesía y sacar fotos.

Luego estaba José. Era un poco más alto que yo, guapo y fuerte. Tenía el pelo de un color negro brillante como el azabache, me chiflaba su pelo, y no por el simple hecho de adorar lo gótico, sino porque era precioso, y, a la luz del sol, tenía unos leves destellos de color rojizo. Tenía los ojos negros también, a juego con el pelo.

Y por último Javi. Era también un poco más alto que yo, de pelo negro, pero no era tan brillante como el de José. Tenía los ojos verdes amarillentos y una sonrisa preciosa.

-Hola - me dijo el chico llamado Javi mientras David, José y Daniel se peleaban por la última patata frita que quedaba en la bolsa. - Una pregunta, como es que te mudaste aquí? vamos, si se puede saber, si te molesta la pregunta no hace falta que respondas.

- Hola - respondí - No, no me molesta para nada, simplemente me mude porque a mi padre lo trasladaron a este pueblo y me he visto obligada, la verdad, pensé que me iba a ser más complicado adaptarme y hacer amigos, pero veo que la gente de aquí es toda muy sociable.

- Sí, es una de nuestras mejores cualidades - Dijo soltando una carcajada y riéndose - Nuestro único defecto son eses tres de ahí - Los miró y volvió a reírse - Mira que pelearse por una patata - Comenzó a reírse más alto y yo me uní a sus carcajadas.

Volvió a sonar el timbre que marcaba el fin del almuerzo, la siguiente clase era historia y para mi sorpresa me tocaba con Javi, yo me alegré mucho, pues de los 4 chicos que conociera ese día, él para mí era el más simpático.
Nos pasamos toda la clase de historia ablando de nuestros gustos y teníamos muchas cosas en común.
Acabó la escuela y me vinieron a recoger mis padres. Cuando subí al coche empezó el interrogatorio...

- Hola hija - Dijo mi madre con una sonrisa forzada en la cara - Que tal tu primer día? has hecho muchos amigos? - Me preguntó.

- Sí - Le respondí - Conocí a tres chicas, Noemí, Inés y Sara y a cuatro chicos, David, José, Daniel y Javi. Son todos muy simpáticos, este instituto no está tan mal.

Mi madre al oír eso esbozo una amplia sonrisa y me empezó a atestar de preguntas.

- Y que tal los chicos? Son guapos? Qué tal te llevas con ellos? - Preguntó.

Ya sabía por dónde iban los tiros, si pensaba que le iba a decir quién me gustaba la tenía clara.

- Bien mamá. Si, son todos muy guapos y me llevo muy bien, pero no, no me gusta ninguno.

Mi madre siguió con su cuestionario hasta llegar a nuestra nueva casa. Aún no la había visto, pues nada más llegar tuviera que ir derechita a la escuela o si no llegaría tarde, y , llegar tarde el primer día, no es que estuviera muy bien visto. Entramos todos juntos a la casa, era muy bonita y amplia, subí rapidísimo a mi habitación y me quedé maravillada, mi madre y mi padre la habían dejado tal y como yo quería. La pared en la que iba el cabecero negra con unos cuadros en blanco y negro y las demás paredes en blanco. La cama parecía muy cómoda y tenía un escritorio con ordenador para estudiar y un teléfono fijo en una de las mesillas de noche.

Tuve que desempaquetar mis cajas con ropa y objetos personales, mi vida entera estaba en esas cajas, fotos de mis antiguos amigos, recuerdos de algunas vacaciones, regalos de cumpleaños... Terminé bastante rápido, tenía muchas cosas pero no eran difíciles de colocar, esto por aquí lo otro por allá, pensaba que la habitación me quedaría peor, pero si te soy sincera, me gustaba como la había dejado.

Cenamos en familia y subí rápidamente a mi cuarto para conectarme al msn y escribir en mi blog. En cuanto acabé hice los deberes y me acosté.

Esa noche tuve un sueño rarísimo, en el aparecía el tipo que había visto aquel lluvioso día de verano por la calle. Hacía tiempo que no soñaba con él, no sé por que justo hoy lo viera en mi sueño, bueno, más bien pesadilla, era una de las peores pesadillas que tuviera, en ella estaba sola en una habitación acristalada con ese señor y por fuera del cristal estaban mis amigos riendose a carcajadas supuestamente de mi, no era una risa de gracia, sino una risa malévola. No comprendí esa pesadilla, pero me asustó mucho, cuando me desperté estaba sudada, y aunque no suelo ducharme por las mañanas, esa lo hice.

Me desperté muy temprano por culpa de la pesadilla asíque decidí darme en vez de la ducha un baño y reflexionar, cuando la bañera estuvo llena me metí en ella y recapacité sobre la pesadilla. Que querería decir, que mis amigos son malvados? No, imposible, nunca! No sé como pude pensar eso! Ellos eran mis amigos, nunca me traicionarían...

Acabé de meditar deés d euna larga media hora, salí del agua, bacié la bañera, me vestí y luego sequé el pelo. Bajé las escaleras cuidadosamente, pues mi padre aun estaba durmiendo, desayuné me despedí de mi madre que estaba en la cocina y me fuí a la escuela. Como ese día hacía frío y no tenía muchas ganas de ir andando, cogí la moto, me lo habían prohibido, pero que mas daba, tenía claro que no iba a ir a pie, y puesto que no me iban a llevar...

Al verme llegar con la moto todos fliparon, y yo con ellos. Que pasa, nunca habían visto una moto? La enganché en el lugar donde se ponen las bicicletas para que no me la robaran, aún no sabía si los de ese instituto eran legales. Subí las escaleras para encontrarme con todos. Y allí estaban Noemí, Inés, Sara, David, Daniel, José y Javi. Todos hablando en grupo, pero ese día había algo raro en ellos, estaban eufóricos, y no entendía por que, pero pronto lo descubrí, José y Inés estaban agarrados de la mano. Ayer en la comida ya estaban raros, y hoy, supongo, lo habían hecho oficial, hacían buena pareja, me alegraba mucho por ellos. Me acerqué los saludé y les di la enorabuena (haber si duraban). Tocó el timbre de entrada y toda la muchedumbre que estaba en el patio entró corriendo a sus respectivas aulas.

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